La suspensión de @polificcion y la influencia del Gobierno Ecuatoriano en Twitter

Por Matthew Carpenter-Arévalo @EcuaMatt

account suspended

Recientemente se suspendió la cuenta de Twitter de Carlos Andrés Vera (@polificcion), y la verdad es que no sé por qué.

Pudo haber él hecho algo para violar los términos y condiciones de la plataforma, o tal vez los troles del gobierno se organizaron para lanzar muchas quejas contra él simultáneamente, lo cual provoca un bloqueo simultáneo. De hecho, la mayoría de los bloqueos de Twitter son automáticos debido a algún comportamiento, pero luego el caso será revisado por un humano. No tengo duda de que lo van a volver a activar.

Casi inmediatamente algunos han insistido que el gobierno tiene una injerencia en las operaciones de Twitter por ser gobierno o por ser anunciante, lo cual es una tontera total.

Primero, hay que entender que Ecuador es un país chiquito y poco relevante para una empresa multi-nacional como twitter. Pensar que el gobierno ecuatoriano tiene una influencia fuerte cuando Twitter es el enemigo #1 de gobiernos en todo el mundo (Irán, Turquía, por ejemplo) simplemente no cuadra con ninguna realidad fuera del Ecuador.

Segundo, Twitter no tiene interés en ceder su autonomía a ningún gobierno ni anunciante, porque al hacer eso los usuarios irían a otras plataformas más neutrales. Su producto principal es la libertad de expresión, y la empresa entiende que una gran parte de su éxito ha sido poder ser neutral durante conflictos entre gobiernos y pueblos. Siendo esa la fórmula, no van a ceder al gobierno de un país chiquito donde ellos ni siquiera tienen una presencia física.

Tercero, el estado es el anunciante más grande en el Ecuador, pero la parte clave de esa frase es “en el Ecuador”. Al nivel mundial el gobierno es un anunciante chiquito que gasta 1%-2% de lo que gastaría una empresa como Coca Cola.

Cuarto, el gobierno no tiene un contacto directo en Twitter desde que yo salí.

Cuando trabajaba ahí las únicas veces que se pusieron en contacto conmigo era cuando le hackearon la cuenta del Presidente y para pedir la verificación de la cuenta del ministro Alvarado. La compra de publicidad que hace el gobierno es a través de una empresa tercera que no tiene mucha influencia dentro de Twitter. Cuando el gobierno pide información sobre algún usuario para, por ejemplo, investigar un crimen, tienen que pasar por un trámite formal y luego Twitter publica el numero de pedidos.

Finalmente, en otros casos han habido usuarios que han sido suspendidos por violación de copywrite. Si uso tu logo sin autorización, tu puedes (como gobierno, empresa, o particular) exigir que se quite ese contenido, y Twitter, por obligación de la ley DMCA de los EEUU (digital milennium copwrite act) tiene que actuar. Lo mismo pasa con Facebook y Google: una búsqueda simple te puede mostrar cómo automáticamente realizar una queja de DMCA. En un caso muy conocido en el Ecuador, yo personalmente avisé a la dueña de la cuenta suspendida por qué le seguían suspendiendo, pero la persona insistió en continuar publicando el contenido.

En otras palabras, nadie en Twitter está pensando en cómo complacer al gobierno ecuatoriano. Nadie.  No se crean tanto: simplemente no somos tan importantes, y es producto de la naturaleza muy ensimismada de mucha gente pensar que somos el centro del universo (pues, centro figurativo, ya que si somos el centro literal). Twitter no tiene interés en ser árbitro en la pelea de cínicos que se llama la política ecuatoriana.

Tanto el gobierno como mucha gente de la oposición viven convencidos de que su teoría de conspiración es la teoría de conspiración y que todo lo que pase en el mundo tiene que ser interpretado a través de ese filtro.

La verdad, la mayoría de las veces, es mucho más simple.

Epílogo: Una vez una persona me dijo, con toda seriedad, que sabía 100% que los Alvarado controlan a Twitter. Otra vez, hay que ser muy ensimismado y ignorar lo que pasa en el mundo para pensar que dos hermanos en un país chiquito podrían controlar una empresa multinacional. Luego me puse a investigar y me di cuenta de que el origen era una agencia de publicidad en Guayaquil que decía eso a sus clientes porque la empresa que maneja la venta de publicidad de Twitter en EC rehusa pagar una comisión alta a su agencia.

Epilogo #2: Algunos han señalado que, a pesar de no tener influencia directa en Twitter, el gobierno podría ejercer influencia indirecta, por ejemplo, por provocar una serie de quejas sobre una persona para hacerle bloquear la cuenta. No descarto esa posibilidad, y si hay razón  en decir que el titulo del articulo podría ser otro. No obstante, el texto sigue intacto, según mi punto de vista.

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Bogotá, Caca de Perros, Infraestructura y Malos costumbres en la política pública Quiteña

Bogotá, Caca de Perros, Infraestructura y Malos Costumbres en la Política Pública Quiteña

Por Matthew Carpenter-Arévalo @EcuaMatt

Estuve conversando con mi cuñado, una de las personas con quién más me gusta conversar de política, cuándo me contó una historia que tal vez no tiene giros inesperados pero que dice mucho sobre nuestra relación con las políticas públicas.

Quito desde mi kasa

Quito desde mi kasa

Mi cuñado vive en Washington y me contó que había salido a caminar con su perro cuando el más chiquito de los dos decidió hacer caca. Mi cuñado, siendo un tipo muy educado, recogió la caca, pero no pudo encontrar donde depositarla. Pasó más que una media hora buscando hasta por fin encontrar un basurero.

Eso es el fin de la historia. Les dije que no había giros inesperados.

Washington, D.C.

Washington, D.C.

A pesar de la falta de drama, los dos sacamos varias conclusiones sobre el relato.

Mi cuñado, por ejemplo, admitió que si estuviera en el Ecuador y no pudiera encontrar un basurero, tal vez sentiría la libertad de no recogerla, o la dejaría depositado al lado de un árbol. Viendo cómo mi calle está dotada de pequeños regalos dejados por nuestros amigos más lindos e ignorados por sus dueños más indiferentes, creo que hay mucha gente en el Ecuador que haría igual.

Habiendo vivido también en los Estados Unidos, entiendo muy bien la relación compleja que se da en estas circunstancias. A pesar de ser las mismas personas, algo sobre la situación nos empuja hacia diferentes comportamientos.

Por qué, nos preguntamos, sentimos la necesidad en Washington de asegurar depositar los desechos en el sitio adecuado, pero no tanto en el Ecuador? Asumiendo la probabilidad de sufrir el castigo de la mano dura de justicia es igual en las dos ciudades, es la diferencia un problema de cultura, o un problema de infraestructura?

La pregunta me hace recordar de uno de los mejores ejemplos de gestión municipal en América Latina: las épocas Mockus-Peñalosa en Bogotá en los años 1990.

Enrique Peñalosa, Antanas Mockus y Sergio Fajardo

El extravagante y excéntrico Antanas Mockus fue alcalde de Bogotá entre 95 – 97 y luego entre 01 – 03. Durante su tiempo en la alcaldía Mockus se hizo mundialmente reconocido por su destrezas como comunicador, sobre todo su capacidad de sorprender con sus trucos publicitarios.

Entre otras cosas, Mockus contrató mimos para burlarse de los choferes en un esfuerzo para mejorar la cultura de conducción; convocó una ‘noche de mujeres’ en la ciudad y pidió a los hombres quedarse en la casa para llamar la atención sobre violencia dirigida a mujeres, y hasta llegó a componer canciones de rap.

Mockus creía firmemente que la cultura social era el factor más difícil de controlar pero más determinante en la calidad de vida de los bogotanos. Muchos de sus esfuerzos, desde luego, eran dirigidos a tratar de hacer conciencia entre los ciudadanos para mejorar el comportamiento y como consecuencia mejorar la ciudad.

Mockus salió de la alcaldía para lanzarse a la presidencia y fue seguido en las próximas elecciones por Enrique Peñalosa, un candidato que Mockus había ganado en elecciones anteriores.

Peñalosa, a cambio de Mockus, creía que la estructura e infraestructura de una ciudad determina los costumbres, incluyendo los malos costumbres. Su enfoque se volvió realizar obras grandes, y puso en marcha la red de ciclovías, el transmilenio (como la ecovía de Quito), un programa para crear bibliotecas en barrios de bajos recursos, y recuperar muchos espacios públicos como parques.

Aunque en algún momento de sus vidas eran adversarios políticos, terminaron apoyándose el uno al otro, y cuándo Mockus regresó a la alcaldía en 2001, continuó con muchas de las obras de Peñalosa. Los dos, junto al Sergio Fajardo, el actual gobernador de Antioquia y ex-alcalde de Medellín, son reconocidos como los mejores administradores municipales de América Latina.

Regresando a la caca de perro, ¿cómo hacemos para que los dueños de perros recojan los desechos? ¿Es por cultura o infraestructura?

Afrente de mi casa hay un parquecito que recién fue restaurado. Entre las nuevas adiciones hay un letrero que pide a los dueños de perros recoger los desechos, y un nuevo basurero.

Antes, la única defensa del parque era un viejito histérico que gritaba a todos los dueños de perros que andaban por ahí, sin importar si tenías la funda en la mano o no. El cargaba la cruz de enseñar valores a la sociedad, aunque su vigilancia bajaba durante las horas de siesta, y estoy seguro de que se está cortando su vida por tanto estrés autoimpuesto. Cambiar a Quito uno por uno si cansa.

En la tradición de Peñalosa, el parque no solamente exige más disciplina, sino que también lo facilita.

Antes no había un basurero entre 400-500 metros, lo cual hacía que algunas personas dejaban la caca sin recoger, y otras personas si recogían pero dejaban las fundas en el parque. Con el basurero, algunos anteriores criminales se volvían respetuosos a las leyes.

En Suiza donde yo vivía, cada 200-300 metros no solamente se encuentran basureros, pero también dispensadores de fundas plásticas biodegradables que existen con el propósito explícito de facilitar la recolección de desechos caninos.

Espera! Grita el lector conservador ya ofendido por el malgasto de fondos públicos sin lugar a dudas por gobiernos socialistas malvados. Los dueños de los perros deben asumir el costo, no el estado! Hoy son fundas, ¡mañana seremos Cuba!

El punto del lector tiene mucho sentido, pero la pregunta es el siguiente: ¿nos importa más insistir en quién paga la cuenta, o nos importa más no pisar en caca suelta? Yo, personalmente, opino que la segunda es preferible.

En otras palabras, por crear la infraestructura vital, podemos generar mejores comportamientos, porque bajamos el costo de comportarse bien.

Si tengo acceso a fundas gratis y si tengo basureros disponibles, la probabilidad de que voy a hacer la cosa correcta cambia drásticamente.

Siempre va a haber personas que no les importan los demás y que van a ser indiferentes de todas formas. No obstante, si nuestro deseo es tener calles y parques más limpios, la manera más fácil de hacerlo es por crear la infraestructura que hace la diferencia para la persona que tiene voluntad pero que no tiene medio.

Este sistema me sirvió muchas veces en Suiza y recién me salvó en la Carolina.

Mi perrita, seguramente después de haberse pegado una fanesca (asumo), ya hizo uso de la una funda que había traído.

Decidió dejar otra pepita, y por suerte me acordé que el municipio si ofrece fundas en sus basureros en la Carolina.

Me fui, cogí la funda, y regresé a recoger, mejorando el día de algunos corredores que tal vez iban a dejar la pista para rebasar solo para arrepentirse después.

Tener la infraestructura no es suficiente, sin embargo, sin hacer que el pueblo contemple la diferencia entre comportamiento bueno y el comportamiento malo.

En mi parque el letrero pide muy severamente que el dueño del perro cumpla con sus responsabilidades sociales.

Varios estudios, incluyendo algunos subrayados por los economistas de la serie de libros Freakonomics, han mostrado que los pedidos fraseados en términos negativos no funcionan.

Lo que funciona mejor es escribir el pedido de forma positiva o mostrar que el mal comportamiento pertenece a una minoría de la gente.

“80% de los dueños de perros si recogen sus desechos” es más efectivo en producir el resultado deseado que “no dejes los desechos de su perro sin recoger.”

En otras palabras, no es suficiente simplemente mandar un mensaje: hay que pensar científicamente en cómo expresarlo para optimizar el impacto.

Como soy extranjero, mucha gente trata de explicarme cómo son los ecuatorianos. Como si fuera fácil generalizar sobre 15 millones de personas de diferentes culturas, etnicidades, regiones, y hasta idiomas, me cuentan de sus conclusiones basadas en anécdotas y en general con una falta de datos.

Mi punto aquí es que nadie entiende bien cómo son o como pueden ser los ecuatorianos, porque en muchos casos nos falta la infraestructura para generar el comportamiento que queremos ver.

Sería genial si todo el mundo se portara como debería, pero al final tenemos que aceptar al mundo como es, no como quisiéramos que fuera.

Una vez que aceptamos el reto de tratar de generar mejores comportamientos, tenemos que ser conscientes de cómo implementar la infraestructura que va a facilitar los costumbres que queremos enfatizar.

Después tenemos que desarrollar estrategias de comunicación para subrayar la necesidad de cambiar. Estas estrategias no deben ser basadas en la manera que queremos presentar el mensaje, sino con la presentación que va a hacer que los mensajes sean más efectivos.

Finalmente, si realmente queremos ver cambio, tenemos que llamar la atención a las personas que no cumplan, incluyendo nuestros parientes e amigos. No quiero decir que nos volvamos como mi vecino viejito, pero en algún momento tenemos que dejar de exigir que nuestros políticos implementen cambios y empezar nosotros mismos a ayudar en catalizar cambio.

En otras palabras, para vivir libre de caca callejera, necesitamos ser un poco de Mockus, un poco de Peñalosa, y un poco del viejito histérico.

 

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El Diario Hoy, La Censura, y la Crisis Mundial de los Diarios

Por Matthew Carpenter-Arévalo (@EcuaMatt)

Esta semana publiqué un artículo en GKillCity sobre el anuncio por parte del Diario HOY que va a dejar de imprimir su diario la mayoría de los días laborales debido a lo que ellos dicen que es el resultado de censura y opresión por parte del gobierno. 

Mientras no discuto que haya presión y censura por parte del gobierno, soy escéptico sobre la idea de que aquellos factores son responsables por los problemas económicos. Trato de presentar la decisión del HOY en el contexto del periodismo mundial en lo cual hay miles de diarios que se encuentran en la misma posición. Para mí la caída del HOY se debe más a la llegada del internet y su impacto en el modelo de negocio que cualquier opresión del gobierno.  El artículo se encuentra aquí. 

http://gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/el-hoy-no-cerro-la-censura

Me ha sorprendido un poco que algunas personas han sentido la necesidad de atacar e insultarme por expresar una opinión contraria a la versión oficial del HOY. Mi argumento nace no del deseo de proteger a un gobierno que sí, en mi opinión, tiene tendencias de querer silenciar voces contrarias, sino de la necesidad de ser críticos con todas las personas y entidades que ejercen poder en una sociedad.

En mi opinión cualquier periodista de valor debe cuestionar todo, y no solamente lo que no le conviene a uno. Al final, no pretendo adueñarme de una verdad: más bien, espero contribuir y elevar el debate con ideas. Las personas amenazadas por opiniones contrarias son igual de tiránicos que el gobierno que critican. 

Finalmente, algunas personas presentaron como evidencia el hecho de que el gobierno no había comprado publicidad en el HOY durante mucho tiempo, lo cual, argumentan ellos, le hace culpable del destino del diario.

Exigir publicidad del gobierno es el equivalente a exigir un subsidio, y no creo que ninguna empresa privada tiene derecho a exigir recibir fondos públicos. No defiendo la decisión del gobierno, pero si el HOY no puede generar ingresos fuera de fondos públicos, eso simplemente demuestra que el modelo de negocio no era sólido. 

Con eso les dejo con el artículo.

http://gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/el-hoy-no-cerro-la-censura

 

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Yachay, Cerveza, y el Gran Obstáculo a la Innovación Ecuatoriana

Por EcuaMatt – Matthew Carpenter-Arévalo

Siempre me ha parecido una injusticia la falta de selección de cerveza en el Ecuador.

Beer Ecuador

El hecho de entrar en el supermercado y encontrar 4-5 diferentes tipos es el equivalente para mí de solo tener 4-5 tipos de vino o 4-5 tipos de whisky. Mientras el mundo goza en una abundancia de oferta de cerveza, en Ecuador hemos sufrido de una escasez inexplicable. 

Imaginen mi felicidad, entonces, cuando mas o menos hace un año me di cuenta de que Ecuador estaba entrando en un boom de cerveza artesanal. Algunos coleccionan arte, y yo colecciono cerveza, cueste lo que cueste.

A pesar de tener por lo menos 12 cervecerías artesanales en Quito, muy pero muy pocas pueden vender su producto legalmente.

¿por qué? Porque para ellos lograr el registro sanitario es casi imposible.

Los que han tenido suerte en conseguir el registro sanitario dicen que se han demorado entre 1 o 2 años en lograrlo. Otros me han dicho que cuesta entre $2-$3 mil dólares para cada tipo de cerveza, lo cual perjudica las cervecerías artesanales que se destacan por las diferentes variedades y sabores de cerveza.

¿que es la consecuencia de estas altas barreras artificiales de entrada en el mercado artesanal?

Primero, el gobierno termina protegiendo las grandes cervecerías de competición.

Segundo, como su participación en el mercado es protegida, y ya ni necesitan innovar ni ofrecer mejores productos.

Tercero, muchos terminamos comprando la cerveza artesanal de todas formas, y por falta de registro sanitario, no hay control sobre su calidad.

En el caso de la industria de cerveza, el gobierno que proclama querer defender los intereses de los pequeños productores en el Ecuador termina obstaculizando su crecimiento.

¿qué tiene que ver todo esto con Yachay e innovación?

 

 

yachay

Yachay es un cluster tecnológico, es una universidad, es una comunidad, y es una serie de incentivos. Como empresario que considera invertir en Yachay, puedo decir con mucha honestidad que la oferta es bastante buena y muy atractiva para los productores de software.

No quiero decir que es perfecto: la ubicación es una barrera para empresas que quieren tener sus equipos de desarrollo y sus equipos de ventas en el mismo lugar.

Sería contra-productivo, por ejemplo, tener equipos de ventas basados en Imbabura cuando los clientes están en Quito.

No es por nada que los centros emergentes de producción de tecnología como Silicon Valley, Amsterdam, Cambridge, MA., Waterloo, Canadá,están ubicados cerca a poblaciones masivas: las ciudades en sí son mejores en crear la distribución de conocimiento y recursos necesarios para generar innovación.

La ubicación de Yachay, no obstante, no es la amenaza más grande a su éxito en generar un ecosistema tecnológico en el Ecuador.

La amenaza es el sistema regulador que gobierna al Ecuador. 

El inversionista y guru Marc Andreessen recién publicó un artículo en lo cual él argumenta que la ventaja competitiva para nuevos clusters tecnológicos es la ventaja reguladora.

¿por qué?

Porque debido al hecho de que Silicon Valley ya existe, no hace falta que otro modelo exactamente igual exista. Silicon Valley tiene el estatus de Mecca, Jerusalem, o la torre Eiffel: pueden existir réplicas, pero jamás van a llegar a igualar a los originales.

¿cómo diferenciarse entonces?

Las nuevas tecnologías disruptivas en el mundo atentan contra un orden ya establecido: por eso son disruptivos. Me refiero, por ejemplo, a tecnologías como pagos móviles, Bitcoin, Drones, carros que se auto-manejan, etc.

Todas aquellas tecnologías han luchado por madurarse debido a los sistemas reguladores de los países desarrollados que limitan su capacidad de crecer. Por eso Bitcoin nació en el darkweb (la red oscura), fuera de las manos de gobiernos que buscan mantener un monopolio sobre los sistemas monetarios.

El desafío para el Ecuador es que relajar el sistema regulador va en contra de nuestro ADN.

Por ejemplo, al ver emerger un nuevo mercado de pagos móviles, el gobierno restringió su uso, delegado un monopolio exclusivo al banco central.

Al tomar ese paso nos hemos excluido de los desarrollos y avances de las empresas líderes en el campo y hemos aplastado con anticipación cualquier oportunidad de que nazca una industria nativa ecuatoriana.

Bitcoin es otra industria que buscar dónde desarrollarse.

Empresas que aceptan bitcoin - Crecimiento

Empresas que aceptan bitcoin – Crecimiento

 

La mera mención de una moneda alterna es suficiente para causar temor en los sectores de teoría de conspiración, pero mientras más gente en el mundo decide intercambiar bienes y servicios con la moneda virtual, más legitimidad tiene. El valor de Bitcoin, como cualquier moneda nacional, depende de la confianza que tiene la gente en su valor. Mientras no es una moneda sin problemas o defectos, su crecimiento no puede ser ignorado, ni podemos asumir que pasará de moda.

Ecuador podría volverse una cuna para el desarrollo de Bitcoin, pero solamente si tomamos pasos pro-activos para facilitar su uso. Al decir eso, no dudo de que hay muchos argumentos buenos en su contra y son justamente esas excusas que nos mantiene perpetuamente atrás de la curva.

Para mí, la discusión me hace acordar del crecimiento de la industria de sushi en Ecuador.

Sushi Ecuatoriano

Cuando llegué al Ecuador en el año 2003, no habían restaurantes de sushi. Si hubieras averiguado sobre el éxito del sushi en Ecuador, una mayoría vasta te hubiera dicho que nunca tendría éxito en el Ecuador. No comemos comida asiática, decían. Nunca pegaría aquí, decían.

Si abriste un restaurante de Sushi en esos años, a lo mejor ahora te va super bien ahora. Ya no hay solamente restaurantes de sushi, sino restaurantes de sushi especializado. Sushi fusión, Sushi tailandés, sushi tradicional: tanto es nuestro gusto para el sushi que todos aquellos tipos de sushi co-existen.

No sabemos si Bitcoin, Drones, carros que se auto-manejan, etc., van a sobrevivir para transformar al mundo o no. Lo que si sabemos es que si nuestro instinto es limitar en lugar de animar, nosotros por lo menos vamos a venir atrás de la muchedumbre.

Y aquí está la paradoja de Yachay: Yachay busca generar innovación en un país que a veces tiene alergia a la innovación.

Las tecnologías que debe producir Yachay para ser exitoso dependen de el sistema regulador para nacer o no. En otras palabras, no podemos separar el éxito de Yachay de las leyes que gobiernan en el país, porque Yachay no puede producir más de lo que las leyes le permiten.

El principio filosófico de Yachay es la idea de que “if you build it, they will come.” si lo construes, vendrán. Esa sabiduría que tenía tanta vigilancia en siglos pasados ya no sostiene tanto peso, porque la innovación ya no depende de condiciones locales.

El capital y el talento en el siglo 21 son extremadamente móviles.

Si estamos en competencia con tantos países que quieren generar centros de innovación,  el talento y el capital van a ir por el camino de menos resistencia. No tiene porque hospedarse en Yachay simplemente por el hecho de que nosotros lo construimos. Hay hoteles vacíos en todo el mundo.

Para terminar, en fin, mientras algunos hablan de la necesidad de una “ley de emprendimiento”, y diría que seríamos mejor servidos por examinar cómo eliminar leyes que son obstáculos al emprendimiento.

Si queremos que los cientos de millones que vamos a invertir en Yachay produzcan ROI, tenemos que tomar en cuenta cómo nuestro sistema regulador fertiliza o mata la innovación. 

Caso contrario, la innovación tecnológica sufrirá del mismo destino de la cerveza artesanal.

Habrá demanda, habrá mercado, pero entre los dos estarán las manos duras del gobierno. Una mano saludará y dirá “bienvenidos emprendedores!” y la otro mano hará una señal de para y dirá, “hasta allí no más.”

- Matthew Carpenter-Arévalo

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Un Quito Inteligente Borra la Línea entre Gobierno y Pueblo

por @EcuaMatt 

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A los quiteños y los ecuatorianos en general les encanta representar al gobierno como la maldad de la sociedad. Los burócratas son vagos y corruptos, los políticos son tontos oportunistas. Como el muro que separa Westeros de las tierras salvajes en Juego de Tronos, el muro de cinismo se vuelve un mito que se auto-perpetúa. Por mancillar a cualquier persona buena que se mete en la política, nos aseguremos que solamente los valientes y los sinvergüenzas se encargan del labor desagradecido de gobernar.  

Para mí, uno los desarrollos más desafortunados en la historia de gobernanza es el divorcio de gobierno y pueblo, tema que he tratado con más profundidad en este otro artículo. Por ver al gobierno como algo separado del pueblo, nos aliviamos de responsabilidad por su buena gestión, y encargamos a una minoría de personas con el trabajo de cumplir con los deseos de la gran mayoría. Es un sistema diseñado para fracasar.

Con un Quito verdaderamente digital e inteligente, el resultado sería volver a hacer borrosa la línea entre los gobernantes y los gobernados. Me explico.

Como personas desconectadas el uno del otro, tiene cierto sentido tener a no sé cuántos miles de personas dando 100% de su tiempo para servir  el bienestar de los demás.

Como personas conectadas, en cambio, tener el 0.01% de la capacidad de millones de personas sirviendo el bienestar de todos es más efectivo y eficiente.

Los ejemplos de cómo podríamos mejorar la ciudad estando conectados son sin límites.

Por ejemplo, en mi barrio, la Gonzalez Suarez, casi todos los edificios tienen guardias. Los guardias, no obstante, no son conectados a la policía ni el uno al otro.

Si llegaría a pasar algún robo, ¿no sería mejor tener los todos los guardias atentos al hecho y con capacidad de comunicar rápidamente a la policía? Así fue la estrategia, por ejemplo, de revivir el barrio de San Isidro en Lima. Por crear una red de comunicación entre la polícia y los guardias privados, se complicó mucho el trabajo de los delincuentes acostumbrados de poder llevar a cabo su labor sin interrupciones.

Les doy otro ejemplo.

El gobierno de Quito gasta millones en desarrollar una estrategia de turismo, lo cual resaltan algunos pocos puntos de referencia.

¿qué pasaría si todos los quiteños podríamos subir a una aplicación nuestras rutas favoritas de ciclismo y excursionismo?

Al hacer accesible estos datos, la actividad turística, tanto local como de extranjeros, aumentaría, porque ofreceremos más opciones.

Es más, tendríamos una mejor distribución de recursos generados del turismo, porque ya no se concentrarán en el céntrico histórico, la panecilla, etc. Nono, por ejemplo, podría volverse un destino turístico sin que el gobierno tenga que gastar millones en turismo.

Les doy otro ejemplo: en la India el problema de ausentismo de los médicos es muy grave. Muchos médicos cobran un sueldo sin completar la semana laboral, dejando a sus pacientes sin servicio.

Para resolver el problema, una ONG en India creó un sistema para que los pacientes puedan reportar el tiempo de espera en cada hospital por SMS. Al agregar los datos, el gobierno puede entender cuales son los hospitales donde los médicos están faltando.

Y para mí ejemplo final, toco un tema que me es extremadamente importante: los perros callejeros.

No es necesario ni el destino que en Quito haya tantos perros callejeros. En Nueva York, por ejemplo, sería difícil encontrar uno solo. El tema no solamente es de cultura, porque hay muchos quiteños que nos gustaría tratar de ayudar resolver el problema. El desafío es estructural.

Que tal, entonces, si tenemos una aplicación que se llama “Empatita.” Cuando encuentras un perro callejero, puedes automáticamente encontrar personas cercanas que están dispuestos a aceptar perros callejeros y ayudarles encontrar un hogar. Con 2-3% de la población enfocada en resolver el problema, podríamos bajar las barreras a salvar un perro suelto, y poco a poco podríamos crear un Quito donde los perros siempre tienen dónde vivir.

En otras palabras, muchos de los servicios que queremos ofrecer o problemas que queremos resolver se podrían solucionar con la atención dedicada de un porcentaje pequeño de la población. El desafío es lograr conectar a las personas con las mismas pasiones y voluntad para facilitar su colaboración.

La gran promesa del internet es que nos permite formar nuevas comunidades sin fricción. Para un municipio que quiere mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, ya no es necesario enfocarse tanto en “proveer” servicios, sino “facilitar” servicios. En otras palabras, el municipio necesita ayudar a Quito ayudar a Quito, ayudar a Quiteños ayudar a Quiteños, y al generar más contacto, generamos más empatía, más solidaridad, más sentido de comunidad.

En lugar de tener muchos haciendo poco, hagamos que pocos hacen mucho. Borremos esa línea entre gobierno y pueblo, y responsabilizemonos como pueblo de crear el Quito que queremos. Lo pueden llamar ciudad inteligente, o lo pueden llamar ciudad digital. Para mí, es ciudad, en su más pura y maravillosa esencia.  

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Para Hacer un Quito Inteligente, el municipio no debe hacer apps, sino APIs.

por @EcuaMatt

En general me excluyo de la conversación cuando alguien dice, “el gobierno debe hacer una aplicación que….”.

No es que soy anti-gobierno: todo el contrario, de hecho. Lo que me frustra es la lógica que el gobierno puede agregar más valor creando aplicaciones que liberando datos, un tema que discutí en mi primer post sobre cómo hacer que Quito vuelva una ciudad inteligente.

Mi prejuicio contra las aplicaciones del gobierno viene de dos ideas que yo considero verdades:

1.) el gobierno, en general, es malo en diseñar aplicaciones

2.) el sector privado, en general, es bueno en diseñar aplicaciones. 

Me explico. Solamente falta ver las aplicaciones web del SRI o el IESS para ver que tan pésima es la experiencia de los servicios del gobierno en línea. IESS El SRI, por ejemplo, te insiste en instalar un software porque no llega todavía a la época de ofrecer todo a través de una página web, y el sistema del IESS es más difícil de descifrar que los quipus de los incas.

Es así porque los gobiernos no tienen ni la estructura ni la ADN para hacer grandes aplicaciones.

Los mejores diseñadores y programadores, por ejemplo, no suelen trabajar en el sector público.

Con todo respeto a los que si trabajan ahí, los buenos están en alta demanda, y en el sector privado tienden a encontrar mejores sueldos, proyectos más interesantes, y más libertad creativa.

Segundo, las aplicaciones que son hechas por gobiernos no son creadas con los mismos incentivos.

Cuando una persona o empresa en el sector privado está diseñando una aplicación, su supervivencia depende de que su aplicación pegue con la gente.

En el gobierno, en cambio, la meta es entregar la aplicación, sea buena o no. Como las aplicaciones creadas por el gobierno suelen tener un monopolio innato, no tienen que competir con nadie, y dan por hecho su adopción.Nadie en el sector privado puede dar por hecho la adopción de su aplicación: es un lujo inexistente.

A veces los gobiernos contratan a empresas privadas para hacer aplicaciones, pero aquellas aplicaciones tampoco suelen ser tan buenas.

Es es porque las empresas que tienden a ganar esos concursos en general son expertos en ganar concursos del gobierno y no necesariamente en hacer buenos productos.

Facturar con el estado es muchas veces innecesariamente complicado, lo cual hace que solamente las empresas que tienen el deseo y la experiencia de ganar esos concursos apliquen, lo cual elimina una gran parte de las empresas que podrían hacer un excelente producto.

Segundo, las empresas que contratan con el estado en general tienen experiencia en hacer software prioritario (es decir, te creo un servicio para manejar el inventario de tu empresa), pero tienen poca experiencia en crear aplicaciones que han tenido éxito viral en el mercado.

La razón es simple: si hubieran tenido mucho éxito en crear aplicaciones virales, no se estarían postulando para hacer aplicaciones para el estado.  Por eso mi sugerencia no es que el gobierno crea aplicaciones, sino que crea APIs y dejar que el pueblo ecuatoriano se encargue de encontrar la mejor forma de presentar esa información. 

Una API es, al final, una manguera conectada a una base de datos. Funciona como una toma de agua en la calle.

Si hay un incendio, un bombero puede llegar, conectar su manguera a la toma de agua, y apagar el fuego.

Una API, en cambio, te permite sacar datos de un lugar de hacerles re-aparecer en otros. Por ejemplo, cada vez que accedas a una página web y te pregunta, “Quieres ingresar con tu cuenta de Facebook?” la página está accediendo a una API.

Facebook APIEn este caso, Vive1.Com te puede permitir ingresar en su página con tus datos de Facebook porque Facebook da a Vive1.Com acceso a su API (toma de agua), lo cual contiene los datos de tu identidad.

La existencia de esta API es de beneficio mutuo: para Vive1.Com, la página puede des-anomizarte fácilmente por ofrecer la oportunidad de que te identifiques sin complicación.

Facebook, en cambio, aprende más sobre tus hábitos en la web fuera de Facebook, lo cual le ayuda determinar cuales anuncios mostrarte, y se puede volver la cédula más importante del internet.

Esto es un ejemplo de una API, pero mi deseo de ver al municipio crear APIs va más allá. Por ejemplo, en algún lugar del municipio debería de existir una base de datos con todos las empresas que existen en Quito.

Si yo tuviera acceso a esa base de datos, yo podría crear una aplicación que te permite evaluar la calidad de servicio en cada una.

Sin acceso a la base de datos, yo tendría que manualmente armar esa base de datos. Con la API, por ejemplo, mi página estaría actualizada con cualquier cambio: si un negocio cambia de dirección ese cambio sería automáticamente realizado en mi página.

El otro beneficio de tener una API es que podemos generar más competencia, lo cual resulta en mejores aplicaciones.

Por ejemplo, si mis competidores tienen acceso a la misma base de datos, ellos pueden crear una aplicación parecida, pero que tal vez ofrece diferente funcionalidad o presenta la información de una forma más interactiva.

Con la API, podemos no solamente generar aplicaciones, pero un ecosistema entero de aplicaciones, y luego una industria tecnológica. 

Con acceso a la base de datos de la policía, por ejemplo, podríamos entender mejor el comportamiento de los criminales.

Con acceso a la base de datos de hospitales, podríamos mejor entender la presencia de diferentes enfermedades en Quito o quienes son los mejores doctores. Con acceso a la base de datos de la secretaría de transporte, podríamos crear aplicaciones que fomentan el uso del transporte público.

Con la combinación de la base de datos de la policía y la secretaría de transporte, podríamos decirte exactamente cuales rutas son seguras y cuales son inseguras.

En fin, las posibilidades de cosas que podríamos hacer son sin límites.

Mientras muchas personas pueden crear aplicaciones, solamente el municipio puede crear APIs porque tiene acceso exclusivo a los datos que pueden servir como catalizadores para una nueva forma de participación ciudadana.

No quiero decir que el gobierno nunca debe hacer aplicaciones.

Por ejemplo, tener una aplicación del municipio que te permite acceder directamente a los servicios del municipio es bueno. Pagar el impuesto predial en tu celular, registrarte para el BiciQ en tu celular, etc., son fines nobles que el gobierno debería ofrecer.

Mi sugerencia, no obstante, sería de enfocar en a.) crear APIs para dar a luz a un ecosistema y b.) crear visibilidad para las aplicaciones que hacen los ciudadanos. El municipio podría crear una tienda de aplicaciones que tienen un fin cívico.

Los ciudadanos podrían evaluar el desempeño de aquellas aplicaciones, permitiendo que las mejores suban y las peores bajan. Al final, los ciudadanos terminan con las mejores aplicaciones disponibles. Todos ganan.

Crear APIs no es sexy, y genera mucha resistencia sobre todo con burócratas que no son digitales y no creen que el pueblo tenga derecho a acceder a esos datos.

Es, sin embargo, tal vez la cosa más poderosa que pueda hacer el municipio en hacernos volver una ciudad digital.

Hacer aplicaciones es fácil, pero hacer aplicaciones buenas es difícil. En fin, ¿Para qué limitarnos a los límites de pocos, cuando podemos aprovechar de la creatividad y inventiva de todos?

Al diseñar su estrategia digital, espero que el municipio tenga en cuenta las opciones de papel que tiene en convertirnos en ciudad digital. Si lo hacen bien pueden dar a luz a nuevos ecosistemas y industrias. Si lo hacen mal, habremos desperdiciado 4 años de evolución negada.

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Una propuesta para el nuevo alcalde para que Quito se vuelva una ciudad inteligente.

 

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foto vía chickybus.com 

Por @EcuaMatt

Debido a algunos cambios personales que me han mantenido ocupado durante las últimas semanas, no he podido escribir este artículo, pero pocas cosas han ocupado mi imaginación como este tema.

El nuevo alcalde de Quito, Mauricio Rodas, habló mucho en su campaña de la necesidad de diseñar una ciudad digital, y mis próximos posts voy a dedicar a este tema. Primeramente, ¿qué es una ciudad digital?

Como el campo de ciudades digitales es nuevo, hay muchas definiciones distintas, pero para mí una ciudad inteligente brinda y consume más información para tomar decisiones inteligentes e ayudar a sus ciudadanos tomar decisiones inteligentes. Una ciudad inteligente también usa aquella información para optimizar el uso de los recursos públicos, y aprovechar de los recursos y información que ofrece la ciudadanía.

Para dar algunos ejemplos, hay intersecciones en Quito que muestran los segundos hasta que la luz cambie de verde a rojo. Esa información la puede usar un peatón o un chofer para tomar una mejor decisión sobre si debería cruzar la calle o no.

En Monterrey, México, hay software creado por la empresa Citivox que colecciona información sobre delincuencia en la ciudad tanto de bases de datos oficiales como de los tuits y posts de Facebook para generar una mapa dinámica que muestra en tiempo real las zonas de peligro.

En muchas ciudades se puede pagar el impuesto predial a través del celular, sin nunca jamás tener que ir a hacer cola.

En los ejemplos mencionados la tecnología utilizada puede ser compleja o puede ser extremadamente simple. En cada caso, el elemento fundamental es generar más información y hacerla útil para el bienestar de los ciudadanos.

Si yo fuera Rodas, entonces, ¿qué sería mi agenda? Lo voy a resumir en tres puntos: servicio al cliente, liberación de información, y aumentar inputs de los ciudadanos.

1.) Servicio al Cliente

Como persona digital, no hay nada que me enfade más (oirás Claro!) que escribir a una empresa por un medio  y luego recibir un mensaje que tengo que presentar mi reclamo por otro medio.

Mando un tuit a Claro y me dicen que tengo que llamar a su centro de llamadas. Llamo al centro de atención, espero en la línea 30 minutos, y me dicen que tengo que presentarme en su centro de atención al cliente. Voy, saco numero, y espero 45 minutos. ¿cuántas veces te ha pasado eso? Es una experiencia pésima.

Lo peor de esta situación es que no es solamente el peor resultado para mí, sino también lo es para la empresa. Mantener un centro de llamadas es caro porque cada llamada tiene un costo. Mantener muchas agencias también es caro, porque muchas veces las agencias tienen que ocupar espacios comerciales en los lugares más visibles, donde el costo por metro cuadrado es alto. En ambos casos, resolver mi problema a través de Twitter resulta mejor tanto para mí como para la empresa.

Si el sector privado aún nos falla en cuanto al servicio al cliente (A Claro y Movistar les cuesta entender que su servicio al cliente es su producto principal), el gobierno es aún peor.

Aunque muchos servicios y información son accesibles en línea (y reconozco el esfuerzo de la administración anterior en hacer eso), aún falta mucho por hacer, porque al sector público le falta el incentivo que debería tener el sector privado. Puedes cambiar de servicio de celular, pero es difícil cambiar de proveedor de servicios municipales sin cambiar de ciudad.

Por eso creo que el paso más poderoso que podría dar Mauricio Rodas es re-habilitar el servicio al cliente a través de los medios sociales. Se vería así: podría mandar un tuit, una foto en instagram o un mensaje por Facebook al municipio sobre un problema que veo. Puede ser un hueco en la calle, puede ser una señalización que falta, o podría ser un constructor que viola el reglamento que tiene la ciudad sobre horas laborales. Si es un problema que tiene que ver con la ciudad, es apropriado.

Sin importar el medio que uso (Twitter, Facebook, Teléfono, presentarme en persona), debería recibir un número de caso para poder dar seguimiento al tema. A través de la plataforma de servicio al cliente, podría ver a quién esté asignado mi problema, cuanto tiempo en promedio se demora en responder (si me dice dos semanas sé no esperar una respuesta en dos días) y me podría avisar cuándo el problema se resuelve.

Con todos los datos de todos los casos distintos, podríamos medir la efectividad del municipio en resolver los problemas de la ciudadanía. Podríamos ver, por ejemplo, que la administración de Tumbaco se demora en promedio una semana más que la administración de Cotocollao en responder a mensajes de la ciudadanía. Podríamos ver que la Agencia de Control es mucho menos responsivo que la secretaría de comunicación. Podríamos, en fin, tener una gestión de servicio al cliente 100% transparente.

Hay dos problemas con este ejemplo: por un lado, no conviene para nada a la administración dar transparencia a las áreas donde es débil. El problema con este argumento es al final es argumentar que no conviene al alcalde ser buen alcalde. Obviamente a ningún gobierno le conviene exponer la calidad de su trabajo al sol del día. No obstante, como ciudadanía, lo merecemos.

Segundo, cuando bajas el costo de comunicar, la gente va a comunicar más. Al facilitar el proceso de reclamar, el municipio va a recibir más reclamos, lo cual obliga a todo el aparato municipal volverse más ágil y efectivo. No conviene al gobierno, pero si conviene a la ciudadanía.

Si se implementa mal el proceso de virtualizar el servicio al cliente puede perjudicar a la administración. Si se lo hace bien puede tener consecuencias positivas enormes.

En los Estados Unidos, por ejemplo, el alcalde de la ciudad de Newark, Cory Booker, empezó a usar Twitter para atender a la ciudadanía. Aunque la ciudad de Newark no es una ciudad principal en ese país y los alcaldes de ahí en general no han tenido mucha visibilidad, Cory Booker se hizo famoso al nivel nacional por su buena gestión. Actualmente es senador para el estado de New Jersey y muchos lo ven como un futuro candidato a la presidencia. Todo porque él no tuvo miedo de conversar continuamente con sus ciudadanos y tratar de resolver sus problemas a través de los medios de preferencia de ellos.

2.) Liberación de Datos

Los geeks suelen decir que “la información quiere ser gratis,” porque cuando la información es difícil de acceder es poco útil.

Un amigo mío, por ejemplo, quiso hacer una aplicación de transporte público en Quito que te permite saber cómo llegar de cualquier punto en la ciudad a cualquier otro punto en la ciudad.

Aunque las rutas del ecovía y metrovía son públicas, la información sobre las rutas de los buses azules, rojos, y verdes es imposible de conseguir. A pesar de gastar horas hablando con las personas de la secretaría de transporte, mi amigo nunca logró conseguir los datos de esos buses, y su proyecto está en stand-by.

El municipio es dueño de un montón de información cuya liberación ofrecería grandes beneficios para la ciudadanía.

Si sabías, por ejemplo, cuales son las agencias de trámites municipales más frecuentadas, podrías evitarlas para hacer mejor uso de tu tiempo.

Si tenemos información sobre el desempeño de los diferentes colegios fiscales, podemos buscar mandar nuestros hijos a los mejores y exigir mejor rendición de los otros.

Si podríamos ver, por ejemplo, el tiempo de espera de diferentes hospitales en tiempo real podríamos mejor distribuir los pacientes entre los diferentes hospitales para el bienestar de todos.

Si los ciudadanos podrían compartir entre ellos las mejores rutas de ciclismo o los mejores lugares para hacer caminatas en la ciudad, podríamos facilitar el ejercicio físico, el turismo local y la distribución de actividad económica.

De la misma manera que Waze cambia nuestra relación con la ciudad por permitirnos explorar lugares que nunca antes llegaríamos a conocer, la liberación de datos podría cambiar por completo nuestra relación con Quito.

El error principal que hacen las ciudades al tratar de implementar estrategias digitales es asumir que tienen que crear aplicaciones, sin entender que aplicaciones son un medio a la ciudad inteligente, no el fin.

Eso es porque la administración de aquellas ciudades se enfocan en dar servicios en lugar de facilitar servicios. La creación de aplicaciones puede hacerse a través del sector privado o la ciudadanía geek que tiene buenas intenciones, pero necesitamos acceso a los datos para poder brindar comenzar.

Mientras los gobiernos suelen ser malos en crear aplicaciones (ahem. página SRI, página IESS, etc.), son los únicos que pueden unir los datos e información que necesita la ciudadanía para tomar mejores decisiones. Por eso mi recomendación sería enfocarse en liberar datos y dejar que todos participemos en la construcción de un Quito digital.

3.) Aumentar Inputs

A pesar del avance de tecnología, los gobiernos realmente no han avanzado mucho en su recolección de datos de la ciudadanía. Cada dos días producimos la misma cantidad de información que fue producido en todo el año 2003, pero los gobiernos en general reciben un bit de información cada cuatro años y se supone que eso es suficiente para operar.

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Tenemos ahora las herramientas para ampliar la conversación entre el gobierno y los ciudadanos, y poco a poco vamos descubriendo maneras de conseguir más datos de una forma productiva.

Los gobiernos de Inglaterra y México, por ejemplo, han convocado concursos de “los trámites más inútiles,” para saber cómo ofrecer los servicios gubernamentales de una forma más eficiente y amigable.

Existe una plataforma desarrollada en Argentina (soy peer en el grupo que promueve la plataforma) que se llama Democracia O.S., que permite que los ciudadanos conversen y hasta voten sobre temas municipales o nacionales. Como la plataforma es de código abierto (cualquier persona puede configurar el sistema como quiera), puede ser adaptada a la realidad de cualquier administración o circunscripción.

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Esta práctica de democracia digital tiene sus méritos e defectos (he escrito en inglés sobre el tema aquí) pero lo cierto es que la cultura política no desaparece de día a noche al trasladarse al mundo digital.

Por ejemplo, si una ciudad sufre de una cultura política muy partisana y sesgada, es muy probable que esas divisiones se manifiestan a través de las plataformas que buscan generar debate. No obstante, hay formas de controlar eso, y más importante aún, la oportunidad de invitar participar en un debate también ofrece la oportunidad de fomentar una ciudadanía más informada, lo cual nos ayuda a todos en el largo plazo.

Si no hacemos nada para aumentar la cantidad de información que recibe el gobierno por parte de la ciudadanía, no es porque es imposible: es porque nos falta imaginación/voluntad para hacerlo posible.

Conclusión

Habiendo dicho todo esto, es importante tomar en cuenta que los que vivimos en las redes sociales somos parte de una minoría en la ciudad, y no deberíamos ignorar el hecho de que existimos en una burbuja digital mientras la mayor parte de los quiteños no accedan al internet de forma cotidiana.

Esto no quiere decir que no deberíamos desarrollar infraestructura digital: de hecho, ninguna tecnología ha crecido tanto como el internet, y más o menos para el año 2020 podemos esperar que el celular inteligente es igual de accesible como el celular no-inteligente es ahora (En Ecuador tenemos 115% de penetración de teléfonos celulares). Es mas, cada persona que puede tramitar en línea es una persona menos en la cola, lo cual beneficia a todos.  

Lo que sí deberíamos hacer es tomar en cuenta el desafío de diseño que es hacer que la ciudad inteligente sea accesible y útil para las personas que no vivan en la burbuja digital.

Finalmente, como muchos gobiernos han mostrado a través de los años, no es suficiente tener un concepto brillante: para que sea un éxito, la ejecución de la ciudad digital tiene que ser igual de brillante.

Se necesita personas con la visión/formación correcta para asegurar de que no desperdiciemos millones de dolares en desarrollar aplicaciones que nadie usa, o que la infraestructura digital que creamos hoy no funcione mañana.

Si se logra avanzar con estos tres temas, Mauricio Rodas será recordado como el primer alcalde digital del Ecuador.

Si se falla todos los sabremos: pues Facebook y Twitter estarán llenos de quejas de los ciudadanos, esperando que llegue una administración que les escuche.

 

 

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