Por qué soy optimista sobre el Ecuador, a pesar de la decisión Yasuní-ITT

Escrito por Matthew Carpenter-Arévalo @EcuaMatt

yo

Yo en el Parque Nacional Yasuní con un niño Huarani. 

La decisión de poner fin al proyecto Yasuní-ITT es lamentable pero no inconsistente. El Presidente ha dicho desde el comienzo que, al no cumplir con las metas designadas, iba a proceder con la explotación del yacimiento que cuenta con entre 800-1,000 millones de barriles de petróleo.

A pesar de haber previsto este escenario, la decisión aún me da pena.

Quiero que mis hijos hereden un Ecuador en que lo que va encima de la tierra es más valorado que lo que hay abajo. Lo que más me gustó del Yasuní fue la idea de que podríamos generar otro rumbo hacia el desarrollo, sin dejarnos ser vencidos por los poderes magnéticos de la ruta de extracción.

No obstante, decir que el proyecto fue un fracaso es olvidar por qué el Yasuní es tan valorado por los ecuatorianos.

Fue justamente el esfuerzo del gobierno actual de despertar conciencia en el valor de esa área que ahora más que 90% de los ecuatorianos apoyan la idea de dejar al petróleo ahí. Dudo que habría resistencia contra su explotación, fuera de círculos de ecologistas, si el gobierno no nos hubiera hecho la propuesta original.

Fallos de Diseño

Aunque es fácil criticar al gobierno por el fallo reconocido de su propio programa después del hecho, sigo creyendo que el Yasuní-ITT es una idea genial pero mal implementada.

La meta de 3.5 mil millones de dólares fue completamente arbitraria; los plazos de diez años tampoco fueron suficientes; la decisión de cancelar el fideicomiso original fue un error.

Por un lado la base de la propuesta era que el Yasuní-ITT es patrimonio mundial, y todo el mundo debería compensarnos para preservarlo. Por otro lado el gobierno se negó de apoyar el fideicomiso original, argumentando que iba en contra de la soberanía nacional, lo cual asustó a muchos donantes potenciales. Si el deber es de todos, la gestión de los recursos donados también tenía que ser internacional.

Había contradicciones en la comunicación de la idea también. El mensaje que salvar el Yasuní iba a limitar el carbón en la atmosfera no era cierto porque el carbón es producto de demanda y no la oferta, al menos que la oferta sea muy escasa.

En adición, cuando explique la idea del Yasuní-ITT en foros internacionales, algunos resistieron la idea de pagar a un país para ‘no hacer nada,’ o otros lo llamaron chantaje ambiental. “apuntan la pistola en la cabeza del bosque,” me dijeron, “y nos dicen que van a disparar si no les pagamos.”

Pedir plata de gobiernos soberanos durante una crisis económica mundial fue mala estrategia, aunque reconozco que el Yasuní-ITT nació en 2007 y la crisis en 2008.

No obstante, mi preferencia hubiera sido crear un mercado secundario para el petróleo para que el dinero donado vaya a algo más tangible.

Es decir que la propuesta pudo haberse presentado como una oportunidad para el gobierno vender el petróleo a personas, organizaciones o gobiernos que prefieren mantenerlo bajo la tierra.

Pudiéramos haber creado una serie de vouchers que podrían ser intercambiados por servicios y bienes en Ecuador, permitiendo que negocios privados donan servicios a cambio de bonos utilizados contra las obligaciones tributarias.

Aunque no tengo todas las respuestas, creo que con un poco de creatividad pudiéramos haber hecho mucho más.

Sin embargo, no logramos diferenciar entre la existencia de una buena idea y la implementación de una idea.

Si una idea fuera suficiente para tener éxito todos seríamos emprendedores millonarios, pero la verdad es que el verdadero emprendedor consigue éxito a través de su capacidad de expresar creatividad en el proceso de ejecutar.

Culpar al mundo por no haber aportando el proyecto es negar los fallos de diseño que nosotros mismos creamos. Es simplemente un argumento insincero y taimado.

Al ver el poco éxito de la oferta deberíamos haber cambiado de estrategia. Necesitábamos un plan B y un plan C antes de llegar a la explotación.

Sin embargo, no hubo.

La Gestión del Proyecto

Aunque muchos están aprovechando del momento para criticar la gestión de Ivonne Baki, yo creo que la culpa no la tiene ella: hizo lo mejor que pudo con un diseño no óptimo.

Aunque era obvio que sus credencias científicas eran limitadas, el proyecto Yasuní-ITT no era no proyecto científico sino un proyecto principalmente diplomático y político, y se necesitaba alguien que sabía venderlo.

Por mi trabajo en el Foro Económico Mundial vi por primera mano cómo vendía Ivonne Baki la idea, y desde mi perspectiva lo hacía muy bien.

Uno de mis colegas, un analista político de la región, me dijo una vez, “creo que Ivonne es la verdadera cancillera del Ecuador.”Cuando le pregunté por qué, me dijo, “Patiño tiene que seguir la línea establecida por el Presidente. Ivonne, por otro lado, se lleva con quién quiera. Habla con todos, representa al país, y siempre encaja su diplomacia con un enfoque ambientalista. Es genial”.

 (Para ser transparente, Ivonne me ofreció la oportunidad de juntarme al equipo de la iniciativa y si no fuera por circunstancias mayores lo hubiera aceptado).

La Oposición

Hay otros que tienen un odio tenaz contra el gobierno y aprovechan de la decisión para usarlo como palo para golpear a la administración.

Esa gente me hace incómoda, dado que buscan cualquier pretexto para atacar al gobierno.

No son personas constructivas. Dicen corruptos a todos sin dejar espacio para matices. Su visión política está basado en oponer y nunca proponer. Consumen energía, pero no producen nada.

Si no fuera por la gran aceptación que tiene Yasuní-ITT, dudo que esas personas se hubieran convertidos en ambientalistas. Eran cínicos desde el principio, y lo siguen siendo hoy. El Yasuní-ITT es simplemente un motivo para generar más cinismo. Como decimos en inglés, la miseria ama tener compañía.

Tal vez no soy tan crítico del gobierno porque insisto en ver la continuidad entre gobiernos en lugar de imaginar que el país se vuelve a nacer cada vez que hay un nuevo gobierno.

Por ejemplo, si hubiera ganado Lasso las últimas elecciones presidenciales y nos hubiera metido en un serie de TLCs como La Alianza del Pacífico, él y el país hubiera aprovechado de la fuerte inversión en infraestructura que ha hecho este gobierno. Los gobiernos son beneficiados y perjudicados por los que venían antes.

De la misma manera, la dependencia en el petróleo no es culpa exclusiva de este gobierno, sino un modelo que ha seguido todos los anteriores gobiernos con pocos esfuerzos para cambiarlo.

El gobierno actual por lo menos ha intentado diversificar los fuentes de ingresos que usa el gobierno, por ejemplo, con minería (con poco éxito y muy desafortunadamente, según yo), y por la primera vez en la historia del país los ingresos tributarios equivalen a los ingresos petroleros.

Es justo criticar la gestión del SRI cuando sus decisiones no son transparentes, pero los que critican la necesidad de pagar impuestos son los principales contribuyentes al modelo de extracción, porque nos dejan sin alternativa.

Además, estamos muy lejos de pagar impuestos a niveles que correspondan a países desarrollados. Aunque nos duele, los ecuatorianos tienen que acostumbrarse a tener que aportar a las finanzas del estado si queremos cambiar la matriz económica a algo más sostenible.

La Esperanza

A pesar de estar profundamente dolido por la decisión de abrir el Yasuní-ITT, no creo que todo está perdido. Como dije antes, la nueva conciencia ambiental y el sueño de vivir con un modelo económico que muestra nuestro deseo de “amar la vida” está bien planteado.

Ahora tenemos que convertir esa conciencia en acciones que provienen tanto del gobierno como de la ciudadanía.

Por ejemplo, si nos preocupe nuestro uso de petróleo excesivo, deberíamos prohibir el uso de fundas plásticas desde ya.

Eliminar el subsidio a los combustibles es otro paso que poco a poco se está empezando a encaminar, a pesar de los riesgos innatos.

Eliminar los subsidios de una vez causaría una inflación terrible, dado que el precio del petróleo se ve reflejado en los precios de todo lo que consumimos, sobre todo la producción de comida que depende de fertilizantes que requieren de grandes cantidades de petróleo.

Entonces no solamente son los pobres que no pueden aguantar una subida drástica en la canasta básica (además, los ricos son los que más benefician de los subsidios porque consumen más), sino muchas empresas pequeñas y grandes que dependen de petróleo barato para que sean rentables. Debería el gobierno buscar maneras graduales y enfocadas para que el subsidio se elimina poco a poco sin, provocar una crisis económica que nadie quiere.

Dado que tenemos un país relativamente pequeño donde las distancias recorridas por choferes son, en general mínimas, podríamos empezar a experimentar con autos que usan baterías eléctricas y intercambiables. El Nissan Leaf, por ejemplo, tiene que recargarse cada 100 kilómetros, ¿y cuantas veces en un año manejas más que 100 kilómetros en un día?

Todos deberíamos apoyar la construcción de nuevos sistemas de transporte público integrados en nuestras ciudades y atrevernos a comenzar a caminar o andar en bicicleta. No hay excusas: si hacen en otras ciudades en el mundo con sus propios desafíos, en Quito también se puede.

Además, deberíamos empezar a valorar la gente que ya se movilizan por esos medios por  por darles respeto en las vías.

En lugar de ir a vivir lejos de donde trabajamos, deberíamos minimizar nuestra huella de carbón por vivir más cerca de donde trabajamos.

Cambiar de un modelo de extracción a un modelo ecológico no es un cambio de día a noche.

Si los ingresos de petróleo empiezan a disminuir rápidamente, habrá niveles de malestar social parecidos a lo que sufrimos en los años noventa, lo cual trae consigo una desestabilización política no deseada.

Estar a favor o del gobierno, o estar a favor o no de la dolarización, la estabilidad micro y macro económico que hemos gozado durante los últimos 7 años es motivo de mucho crecimiento, a pesar de la falta de inversión extranjera que depende de esos dos factores.

Finalmente, la otra razón que me da optimismo es que el modelo de preservación ya existe en Ecuador, y se llama Galápagos.

A pesar de todo lo que ha tenido que aguantar Ecuador durante los últimos años, las islas Galápagos siguen siendo uno de los logros más importantes que demuestra que cuando queremos, somos capaces de gestionar bien las cosas.

Sin querer menospreciar los riesgos que hay, las Galápagos son, en general, bien manejadas, conservadas y rentables a la vez, y casi todos los ecuatorianos están conformes con la necesidad de mantenerlas así.

Si podríamos hacer que los ecuatorianos y el gobierno tratan al Ecuador continental con la misma urgencia y visión con que tratamos con las islas Galápagos, Ecuador tendría un futuro un distinto a su pasado. Las joyas de la Amazonía son de igual valor que las joyas de las islas de Darwin, pero recién empezamos a verlas así.

Ya que esa visión está en marcha, quisiera ver más competencia entre nuestros políticos para responder a esa visión, empujadas por la solidaridad de los ecuatorianos con la naturaleza. Limitar la presencia de madereros, limitar la expansión de colonos, etc., nos haría bien.

Quisiera ver más think tanks, investigaciones en las universidades, acuerdos con grupos extranjeros y innovación de emprendedores para hacer más rentable el no explotar la tierra que explotar la tierra.

Total, quiero ver la creación de mercados diferentes que pueden poner en entredicho la sabiduría ambiental y económica de seguir extrayendo cuando el rumbo al desarrollo sostenible va por otro sentido.

Conclusión

Personalmente, comparto con Alberto Acosta, Pachakutik y otros que proponen una consulta popular para determinar el futuro del Yasuní-ITT.

El gobierno se ha demostrado abierto a ese mecanismo cuando le faltaba capital político para realizar ciertas reformas, y debería ser tomado en cuenta en esta instancia.

Si los ecuatorianos deciden vivir con las consecuencias económicas y financieras de no abrir ese campo de petróleo, pues el pueblo ha hablado por si mismo. Sería mucho más difícil que los políticos del futuro tomen acciones al contrario.

Mientras tanto voy a seguir en mi camino de tratar de promover cambios al nivel individual y al nivel colectivo de modificar nuestros hábitos para vivir en más harmonía con la única planeta y el único país que tenemos.

Aunque la huella ambiental del Ecuador es relativamente chiquita, no podemos culpar a los grandes contaminadores si nosotros mismos seguimos las mismas tendencias.

Para terminar, Rafael Correa se hizo uno de los presidentes más electoralmente exitosos en la historia del Ecuador por restaurar la capacidad de muchos ecuatorianos de soñar en un país diferente.

Quiero que esa capacidad de soñar sea mayor que el gobierno de turno, y que sea motivo para cambios que van más allá de la actualidad y que establecen la base del Ecuador que heredarán nuestros hijos, nietos, y bis-nietos.

También quiero que seamos ejemplo para el resto del mundo, justamente por ser diferente. Que seamos el cambio en el mundo que queremos ver, para citar a Gandhi.

Nos enfrentan dos opciones: podemos juntarnos a los cínicos y empezar a lanzar el lodo de la selva a todos los tomadores de decisiones, o podemos optar por aprovechar de la conjetura creada para seguir formando un modelo distinto. No sé de uds., pero sé por la cual voy yo.

Y como dice la canción, Que lindo que es soñar. Soñar no cuesta nada. 

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Acerca de Matthew Carpenter-Arevalo

A former Google and Twitter manager, Matthew Carpenter-Arévalo is the founder and CEO of Céntrico Digital, Ecuador´s foremost boutique digital marketing agency.
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3 respuestas a Por qué soy optimista sobre el Ecuador, a pesar de la decisión Yasuní-ITT

  1. Luis Francisco Córdova dijo:

    Matt:

    Me parece buenas las propuestas de cambio de forma de vida, de movilidad y de concientización social y ambiental.

    Es tristemente gracioso, pero en algunos comentarios y artículos que he leído y escuchado, todavía existe mucha comodidad en opinar de “hacer esto o aquello”, pero muy poca gente brinda propuestas y que en realidad lo que se busca es eso, propuestas…. De ahí que las propuestas sean buenas, malas, aplicables o demasiado costosas se verá en el camino, pero me parece que toda propuesta se debe discutir… Siempre hay una alternativa.

    Me parece que el manejo que se le debe dar a ese “dinero faltante” (que en esencia es eso de lo que trata la inicitaiva) se debe tratar con un manejo más eficiente, ordenado y tal vez un poco mas focalizado de los recursos.

    Es innegable que nuestro sistema económico y nivel de producción es muy dependiente del petróleo, sin ser resultado de este gobierno o el anterior, pero la alternabilidad de ideas, cambio a matriz de producción bien orientada y re ordenamiento de formas de vida y gastos resultarían beneficiosa para el país, en una orientación adecuada al ambiente y tecnológicamente eficiente. Además creo que apoyar el emprendimiento sostenible y eficiente es mas rentable que un subsidio mas grande o un bono mas jugoso.

    Me parece también prudente que se escuche a la oposición constructiva, que es muy necesaria, para poder entender y proponer a participantes pro activos en el tema y obviamente que al final del día se tome la decisión en una consulta popular, que sellaría con el mayor nivel de democracia la sagrada decisión del pueblo sobre el Yasuní.

    Aún creo que la universalización de los subsidios o ciertos beneficios totales que brinda el estado a todos los ciudadanos se pueden manejar mejor y sobre todo focalizarlos… Pero mas importante me parece que se debe dar alternativas al cambio de tipo de vida y manejo de la misma en las ciudades, con muchos aspectos que ya ha logrado el gobierno con la iniciativa ITT, como , por mencionar uno, la concientización ambiental.

    No me parece que sea “culpa” de la “comunidad internacional” no haber apoyado la iniciativa, que efectivamente estuvo mal planteada, mas bien creo el Yasuní es nuestro y debemos trabajar por él… Así que aun queda mucho por hacer.

    Slds,

    Luis Francisco

  2. Estimado Matt, me ha gustado mucho tu artículo, y comparto muchas cosas, aunque no comparto la idea implícita de que la solución pase por el capitalismo. Te dejo el enlace al artículo que escribí sobre el tema:
    http://ecofilosofadas.blogspot.com.es/2013/08/la-naturaleza-no-existe-y-el-yasuni-itt.html

  3. Gracias Lucho y Antonio por sus comentarios y ideas!

    Lucho: Estoy de acuerdo, sobre todo en la parte de oposición constructiva. Pocos proponen alternativas prefieren quedarse estancado en ideas sobre personalidades, conversaciones que efectivamente crean un vacío en la conversación sobre alternativas. Escucho algunos decir, “todos los ingresos del Yasuní van a la corrupción,” y mientras bien es cierto que hay corrupción en el sector energético, no creo que la corrupción sea el motivo principal de Correa: él debe creer que está haciendo la cosa responsable por dejar las cuentas del estado en buenas condiciones al salir (Lucio, en cambio, había vendido petróleo con 6 meses de anticipación y gastó todo). No obstante, prefiero pensar más en el largo plazo. Los que atacan el gasto público muchas veces no diferencian entre inversión en infraestructura, lo cual nos benefica, y subsidios regresivos, y ha sido la falta de inversión en infraestructura que ha perjudicado nuestra capacidad de crecer. Todos son temas que deberían ser tomados en cuenta al analizar la decisión del gobierno.

    Antonio: te agradezco tu artículo y creo que concordamos en muchos puntos. Este espacio no me es suficiente para responder por completo, pero lo que si diría es que soy capitalista (pero no creyente en su forma actual) porque creo que la distribución del poder en una sociedad es mejor que la concentración del poder, sea en el capital internacional o un gobierno ‘representativo’. Por eso, además no tener ejemplo de modelos sociales viables inmediatos, (los llamados gobiernos socialistas o comunistas han sido igual de contaminadores que sus pares capitalistas), usar al Oriente (fuera de la zona de los no-contactados) para eco-turismo y generar ingresos para esos habitantes va a permitir a los habitantes de ahí empoderarse mucho más que las otras alternativas. Estoy de acuerdo que la culpa de la deforestación está mal puesto y intelectualmente des-honesto, y que la dicotomía sociedad-naturaleza es una división falsa que solo nos puede perjudicar. Más que todo esto, quisiera que tomemos una decisión de principio sobre el Yasuní, sobre todo cuando tenemos un gobierno que habla de someternos al gran capital internacional: ¿Qué es ésta decisión si no es una sumisión a esos poderes? Ojalá que el pueblo pueda activar los mecanismos necesarios para levantar una consulta popular y pronunciar al respecto.

    Gracias por el artículo y la respuesta. Mientras más debate mejor, y mientras más acción mejor aún.

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